Estoy de vacaciones

commuter | Fotografía, Cosas del día | Viernes, Agosto 22nd, 2008

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¿Qué más podría añadir al respecto?

Nuevo reto con el e-mail

commuter | Internet | Lunes, Julio 21st, 2008

spam-detalle.JPGPor un lado mis querido spammers mandándome toneladas de basura, que diligentemente Gmail archiva en una carpeta al efecto, y por otro, Gmail borrando aquellos con más de 30 días de antigüedad. ¿Quién ganará? ¿En que cifra se estabilizará la cuenta?

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Inmejorables vistas

commuter | Uncategorized | Martes, Julio 1st, 2008

(de Aster Navas)

Les juro que yo quería venderla. De hecho no tardé en poner el cartel –SE VENDE- en su entrada y mi número de teléfono.
Nadie me llamó y en un segundo pasquín intenté ser más explícito: SE VENDE CASA.

Tampoco recibí ninguna oferta y decidí afinar más: SE VENDE ESTA CASA.

Nadie se interesó por ella. Tal vez –pensé- la construcción (se) impersonal haga pensar a más de uno que tendrá que bregar con una inmobiliaria.

VENDO ESTA CASA, redacté finalmente pero al tercer día comprendí que ese “esta” parecía mostrar fastidio: “esta (puñetera, miserable, ruinosa…) casa”.

Lo corregí: VENDO MI CASA. Al de pocas horas lo retiré. Más que un cartel parecía una confesión, una renuncia, un naufragio. El texto sugería que estaba desahuciado; un tipo que ponía el hogar familiar en venta carecía de sentimientos o el agua le llegaba al cuello.

Por eso rectifiqué: NO SE VENDE. Muchos me llamaron preguntando qué era lo que no se vendía y me vi obligado a aclararlo: NO SE VENDE CASA.

¿Qué casa? –preguntaban. No dejaba de sonar el teléfono y tuve que ser categórico: NO SE VENDE ESTA CASA.

Las llamadas pedían una explicación más detallada; la razón o las causas por las que no se vendía. Resultaba –me señaló un señor de Murcia- además confuso: ¿No quería o no podía venderla?

Intenté ser más elocuente: NO VENDO MI CASA.

Recibí entonces ofertas multimillonarias y hube de ser tajante: NUNCA VENDERÉ MI CASA.

Viva la vida!

commuter | Uncategorized, Música | Jueves, Junio 19th, 2008

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Merece la pena gastarse los 10 euros que cuesta en iTunes Store por escuchar 11 grandes canciones del pop.

Coldplay lo ha vuelto a hacer.

Microliteratura de Aster Navas

commuter | Leido/Visto en | Viernes, Febrero 1st, 2008

se vende.jpgA veces las casualidades te hacen descubrir cosas interesantes.

Hace unas semanas íbamos en coche escuchando Radio 5, de Radio Nacional de España, una emisora que considero como comodín, es decir, cuando no te apetece escuchar nada determinado, la pones porque hay un poco de todo; noticias ,música, mini-reportajes, etc…
En esos trámites, de casualidad escuchamos un micro-espacio llamado Literatura en breve, donde aquella noche se leía el relato ganador del IV Concurso de Relatos Cortos “Luis del Val” , en la localidad oscense de Sallent de Gállego.

Su autor, el vizcaíno Aster Navas. El título “Inmejorables vistas”, un microrrelato que en cierta clave de humor, juega con las palabras cual rodillos de máquina tragaperras para en pocos segundos construir una historia que acaba arrancando un pequeña carcajada, o al menos eso fue lo que sucedió con nosotros. Mejor lo descargáis y lo escucháis, porque no lo he encontrado transcrito. Además, intercambiando comentarios con el autor, me dijo que tenía muy poco publicado. Bueno, tranquilo que si Boris ha llegado a finalista del Planeta, no debe ser tan difícil publicar algo…
Por ello, recomiendo explorar sus blogs donde va plasmando sus pequeñas creaciones (pequeñas por su extensión unicamente).
Reconozco que en los últimos años no he sido un gran lector, y que mis lecturas cotidianas están más próximas al Código Técnico de la Edificación o el manual de configuración de Blackberry que a Vargas Llosa (y le cito porque es el último que he digerido), por lo que estas píldoras literarias te recuerdan que todavía hay gente que sabe usar las palabras con precisión de cirujano.

¿Cómo era aquello de lo bueno si breve…?

La vida de los otros. Otra pequeña joya del cine

commuter | Leido/Visto en, Cine | Sábado, Enero 12th, 2008

Sé que no ando muy a la última en lo que al cine se refiere. Es más, estoy bastante desencantado del cine actual, como muchas personas, que ven que se producen muchísimas películas, como churros, siendo meros productos comerciales de rápida digestión y olvido.

Pero cuando encuentras películas como ésta, la alemana La vida de los otros, vuelves a creer que aún eres capaz de creer en una historia que te cuentan, y no solo porque esté ambientada en un contexto histórico reciente -el final de la RDA en los años 80- sino por la solidez y profundidad de los personajes, su evolución y su transformación. Merece la pena ver 100 películas basura por encontrarse con una que te toca tan dentro como la hace esta.

No os perdáis (imposible por otra parte) la interpretación del protagonista, el desaparecido en 2007 Ulrich Mühe. Dificilmente se pueda decir tanto con una mirada perdida.
Creo que si la cuento lo haré mucho peor que cualquier crítica que ya se haya hecho en todos los medios y en la red. Simplemente recomendaría verla a quien no lo haya hecho aún pera experimentar como un personaje que al principio de la película se nos muestra como implacable, despiadado y frío, va cambiando para al final ser una propia víctima del sistema que defendía y acabemos simpatrizando con él.

Destacaría la idea que el director nos quiere dar que hasta en las peores situaciones de represión política, siempre pueden aparecer seres humanos que sacan lo poco bueno que les queda dentro.

No sé que tiene el cine alemán ultimamente que está sacando cosas bastante buenas. Creo que ya mencioné Goodbye Lenin de refilón en otro post, pero esta ya tiene más tiempo y dudo que alguien no la hay visto aún.


Recomendación: El Geek Errante

commuter | Leido/Visto en | Miércoles, Enero 2nd, 2008

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Reconozco que estoy bastante enganchado a mi iPod. Durante todos mis desplazamientos diarios voy con él escuchando música y sobre todo podcast.
En los últimos meses me he aficionado a escuchar uno denominado El Geek Errante, producido por cuatro geeks de primera como son El Doctor, Mr. Solo, FuTuR3 y HoloJorge. En él tratan temas relacionados con tecnología informática y telecomunicaciones.
Lo que me gusta de ellos es que se nota que saben de lo que hablan y el programa no es un mero show donde se anuncian productos que salen al mercado (gadgets) sino que tratan las tecnologías en profundidad, un tratamiento que casi siempre escapa a la comprensión de los no iniciados en tecnologías avanzadas.
De todas formas, la forma ágil y ocurrente con que está producido el programa lo hace muy ameno.

Sinceramente, lo recomiendo.

No puedo con las inocentadas

commuter | Pensamientos, Cosas del día | Viernes, Diciembre 28th, 2007

Y es que no me hacen ya ni p… gracia.
Hoy, cuando estás intentando leer un poco los medios en la red, tienes que toparte cada 10 segundos con alguna tontería que ni esbozo de sonrisa arranca. Bueno, quizás sea mi racha apática de los últimos días, pero es que ya vale de paridas de éstas ¿no?

Un día cualquiera

commuter | Vídeos | Sábado, Diciembre 22nd, 2007


Andrés Aberasturi. Perdencias

commuter | Leido/Visto en | Martes, Noviembre 27th, 2007

Este texto de Andrés Aberasturi me caló hondo la primera vez que lo leí. En el fondo es bastante triste, pero estoy seguro que refleja algún aspecto de la vida de cada uno.
aberasturi.jpg Personalmente, Andrés (al que por supuesto no conozco personalmente), me parece una de las personas más interesantes que circulan por la vida pública y los medios en España. Detras de ese aspecto un tanto “destartalado”, se esconde una persona con la capacidad de reirse de uno mismo y cuestionarselo todo.

UNO PIERDE LAS LLAVES O LA AGENDA y se lleva un disgusto de muerte y anda como de los nervios y la vida se convierte en un calvario y vuelve loco a todo el mundo preguntando una y otra vez si ha visto la agenda o las llaves y repite sus últimos movimientos y echa cuenta de lo que hizo en las últimas 12 horas y pone patas arriba la casa y termina abriendo todos los cajones en busca de las dichosas llaves o la maldita agenda.
Pero uno pierde la esperanza y apenas si se entera; lo va notando poco a poco, tan lentamente, que ni siquiera supone una tragedia ni de lejos comparable con no encontrar la agenda y/o las llaves.
Uno pierde el tren o el avión y es como si el mundo se abriera bajo los pies: todos los planes de un día, citas, compromisos, reuniones, todo, tan perfectamente planificado hasta el detalle, todo se desbarata por cincuenta estúpidos segundos que nos dejan atónitos e incrédulos, absurdos con una maleta en la mano y solos en medio del andén, perdidos en la inmensidad de la T-4. Y te desesperas y protestas y busca una chaqueta verde para descargar tu ira.
Pero uno pierde la fe, la fe en la gente, en las cosas, en la vida y el proceso resulta tan escasamente llamativo, que ni te das cuenta del asunto hasta que alguna realidad te enfrenta con un hecho concreto y entonces, tranquilamente, te rascas el cogote como si tal cosa y pronuncias un “¡ya ves, qué bobada!” y te quedas igual porque, precisamente, lo que has perdido es esa capacidad de asombro, de reacción.
¿Por qué siempre nos preocupa mucho más perder las cosas accesorias y apenas nos damos cuenta cuando estamos a punto de perder -o ya hemos perdido- lo que realmente importa?
Y es curioso porque cuando pierdes las llaves, por ejemplo, y en pleno ataque de nervios te da por buscar contra reloj en los sitios más inverosímiles, al final es probable que no sólo no encuentres las llaves sino que pierdas la tarde entera redescubriendo tu propia historia gracias a los objetos más absurdos y maravillosos que estaban enterrados en los rincones que abres ferozmente rezando a San Antonio.
Abres ese cajón casi con rabia y desde el fondo te mira tristemente una figurita degollada que dejaste allí con la firme intención de pegarla más tarde. Junto a la figurita hay dos entradas de cine -¿de qué cine?- y un botón de alguna americana que ya no tienes y una tirita y una cremallera y dos encendedores que no funcionan y unas cuantas monedas de diez céntimos y un recorte de periódico que por más vueltas que le das no terminas de entender qué tiene que ver contigo, por qué lo recortaste. Pero sobre todo, en el cajón siempre suele haber dos o tres papelitos con teléfonos garabateados junto a unas misteriosas iniciales. Es posible que incluso haya algún nombre escrito y que junto al nombre y el teléfono escribieras en su momento un signo de admiración; ¿por qué? ¿quién estaría al otro lado de ese número? ¿qué tremenda, hermosa o triste historia se fraguó alguna vez entre alguien y tú y ya ni la recuerdas?
Pero eras tú el que puso las admiraciones junto al número, ese tú que ya ni reconoces, que pasaba de perder las llaves, los trenes, las agendas o los aviones porque nada, absolutamente nada, era tan urgente que no pudiera esperar hasta el día siguiente. O el otro. O nunca. Entre un examen y un amor, se elegía el amor, naturalmente. Cuántas cosas se podían perder sin que pasara nada y qué maravilloso era perderlas.
Yo creo que la vida deja de tener sentido cuando ya no se tienen convocatorias de septiembre; cuando suspender una asignatura no es dejarla pendiente sino definitivamente colgada en el armario sucio de un pasado que no volverás a abrir ya nunca, ni siquiera cuando pongas la casa patas arriba porque has perdido las llaves. Ese armario no tiene cerradura, solo espejos y el rostro desencajado que allí se refleja buscando unas simples llaves, una miserable agenda, la verdad, amigo, no es como para extasiarse al contemplarlo.

Enlace al blog de Andrés Aberasturi (desgraciadamente no lo mantiene actualizado).

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